Era el año 2002, estaba en Canadá en una coyuntura que hizo despegar mi mente, en ese momento hace 15 años atrás, se estaba aprobando el matrimonio entre personas del mismo sexo y además se recibía la visita del Papa Juan Pablo II. Recuerdo el momento preciso en que abrí el periódico de la mañana, en una hoja se hablaba de un tema y en la de enfrente se hablaba del otro, sin ningún problema, cada hoja informaba sobre un tema de manera independiente sin hacer mención a ningún tipo de conflicto, oposición o contradicción. Había ido para un curso, estaba rodeado de gente educada y muy bien informada, y cuando les comenté mi asombro solo atinaron a decirme que si pues, que Canadá era el mejor lugar para vivir. Aprovechando mis días libres salí y pregunté, estaba genuinamente interesado en saber si la gente en las calles pensaba lo mismo, y la verdad es que si, recuerdo que alguien me dijo que su más grande enemigo era el Papa, pero bueno, hay locos en todas partes. 15 años después y en Lima aún sigo tratando de explicarle a los vecinos de mi edificio que no hay ningún problema con que haya entre nosotros un travesti, y que no hay ninguna razón por la cual no se le deba permitir el uso de las áreas comunes.
Tengo la sensación de que en mi mente soy libre, supongo que fue tan grande el impacto y mis ganas de vivir esa realidad, que decidí que viviría así el resto de mi vida, cuando menos en mi mundo particular. Es ciertamente mucho más fácil ir por esa ruta, en todo caso lo es para mí, pero eso tampoco me ciega frente al contexto actual en donde si hay discriminación, pero sobretodo hay miedo, hay mucho miedo de que las cosas cambien, pero contradictoriamente es solo a través del cambio que las cosas estarán mucho mejor para más personas. Solo cuando dejemos de discriminar, de odiar, de separar, de dividir, de menospreciar, de ofender, de agredir, es que las cosas serán mejor para todos y ciertamente no estamos en esa situación ahora, necesitamos cambiar para llegar a eso.
15 años después ya no leo el periódico, ahora leo frente al monitor, navegando por Internet, pero lo que si mantengo es mi capacidad de asombro. Hoy 17/Mayo es el Día Internacional contra la Homofobia, en conmemoración a que hace 27 años se eliminó la homosexualidad de la lista de enfermedades mentales por parte de la Asamblea General de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Si, hace 27 años. Y hoy leí, con el mismo asombro de hace 15 años, algo que me hizo despegar la mente un poco más: “Hay muchas personas homosexuales, lesbianas, y transexuales que creen en Dios y que se saben parte de la Iglesia. Pero que en ocasiones se sienten, como me decía un buen amigo, “obligados a ver el partido desde el banquillo”, porque se les dice que eso es lo que hay. No es lo que hay. No puede ser. Si de verdad creemos en el Dios que a cada uno nos ha creado únicos y diferentes. Si de verdad creemos en la radical dignidad de todas las personas. Y si no caemos en moralizar lo que no es moral, sino la condición humana, en su complejidad y su diversidad.” - José María Rodriguez Olaizola, SJ [1]